Volver al índice
EL TIEMPO 17-06-2005
Falta de sueño entre los jóvenes se debe, principalmente, a alteraciones en el reloj biológico.
Si tiene hijos adolescentes y cada noche su casa se convierte en un campo de batalla para lograr que se vayan a la cama, no los culpe de todo a ellos. Es la adolescencia la que no les permite dormir más temprano y les exige más horas de sueño que a los adultos.
“Los adolescentes tienen los patrones de sueño naturalmente retrasados y por eso se van a dormir más tarde y se levantan también más tarde. Sin embargo, en esta etapa hay una contradicción: son los bellos durmientes de la especie porque necesitan entre 9 y 10 horas de sueño nocturno, pero al mismo tiempo son los que menos duermen”, dijo Mirta Averbuch, directora del Centro de Investigaciones Médicas del Sueño (CIMS) e investigadora de la Universidad Tecnológica Nacional.
Y es durante la época de clases cuando esta alteración del reloj biológico se hace más evidente. Dos estudios independientes realizados en alumnos secundarios argentinos y estadounidenses coincidieron en que los chicos duermen menos de lo necesario durante la semana, no recuperan ese déficit los fines de semana y su rendimiento es mayor por la tarde.
“A la mañana, tienen que despertarse a una hora que, para un reloj interior retrasado, todavía es biológicamente de noche. Y, en clase, están cansados justamente porque la noche anterior no lograron dormir la cantidad de horas que necesitan”, explicó la doctora Margarita Dubocovich, profesora de la Universidad de Northwestern (Estados Unidos) y coautora del estudio sobre el efecto de la agenda escolar en el sueño adolescente que acaba de publicar la revista Pediatrics.
Cambios de la edad
Dubocovich, que es graduada de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la UBA, ahora es profesora de los departamentos de Farmacología Molecular y Química Biológica, y Psiquiatría y Ciencias del Comportamiento de la Universidad de Northwestern.
Ella, junto con Martha Hansen, directora del Departamento de Ciencia del colegio Evanston Township High School (Illinois, E.U.), se propusieron evaluar durante un año los patrones de sueño en 60 alumnos. Los chicos registraron cada detalle en un diario.
“Hallamos que durante el año escolar los chicos duermen dos horas menos cada noche, lo que significa 10 horas menos a la semana, que jamás recuperan, ya que los viernes y sábados duermen entre 8 y 9 horas y cuarto, que es lo que necesitan”, señaló.
Otra meta del estudio en Evanston fue establecer si al colocar una luz brillante, similar a la de la mañana en el aula lograba adelantar el ciclo circadiano de los alumnos para que pudieran irse a dormir más temprano y, por lo tanto, mejorar su rendimiento escolar.
“La terapia con luz no tuvo ningún efecto sobre los chicos –señaló la investigadora–. Probablemente porque tenían mucha tarea para hacer por la tarde en casa y se levantaban muy temprano al día siguiente”. Es que en la mayoría de las escuelas del área donde se realizó el estudio el horario escolar comienza a las 8 o antes y termina entre 3 y 3:45 p.m.
El mecanismo fisiológico por el que se alteran las fases del sueño en la adolescencia está en estudio. Podría ser un retraso en el ritmo de producción de la melatonina, la hormona que el organismo genera a la noche para inducir el sueño.
“El cerebro se cobra las deudas de sueño con somnolencia matutina, y entonces los chicos fuman, toman bebidas cola y café, que son despertadores. El adolescente necesita tiempo ocioso y debe tenerlo de día; no después de comer. Son los padres los que deben armar una rutina en casa para contrarrestar este desajuste en el sueño adolescente”, concluyó Averbuch.
Si desea información adicional puede contactarnos.
info@dormirmejor.com
Volver al índice |